Sociedad de la Ignorancia (III)

Vamos con la tercera parte y última del libro “Sociedad de la Ignorancia”. Gonçal Mayos, autor de esta, habla de la sociedad de la incultura en vez de sociedad de la ignorancia. Gonçal afirma la imposibilidad de que “la mayoría de la población pueda tener un conocimiento, cultura o sabia composición general del estado global de los saberes humanos y sus problemáticas”. Es decir, continuaremos teniendo un conocimiento especializado y experto, pero difícilmente la gente para disponer de una cultura general. A este respecto Mayos se pregunta, “¿puede prescindir la humanidad de una tal cultura general en sus ciudadanos?

Alfons Cornella acuño el término infoxicación a la abundancia de la información, pero mucho antes, en el año 1798, Thomas Malthus publicó su ensayo sobre el principio de la población en el que pronosticó que la población aumentaría con más rapidez que el suministro de comida. Algo similar está ocurriendo con la información y el conocimiento. “El saber producido colectivamente gracias a las TIC e Internet amenaza con superar las capacidades cognitivas individuales de la gente”.

Gonçal Mayos propone realizar un esfuerzo extra en la preparación y formación de las personas, en ese saber general, en tanto que ciudadanos y “para que puedan hacer frente a las exigencias responsables de sus decisiones políticas y de voto en cuestiones de gran complejidad e importancia para todos”. Gonçal continúa criticando la sociedad actual donde según su opinión “gran parte de la ciudadanía se desentiende de lo público común y se retira a lo privado, ya sea a un ocio banalmente reducido a mera diversión, ya sea profesionalmente a un trabajo superespecializado y fragmentario”. Al final el autor concluye que “la poca preparación o disponibilidad de los ciudadanos para hacerse cargo de todos los complejos entresijos de lo público y de lo político es la causa de la actual incultura política y debilidad democrática” El resultado, por tanto, es claro. Cada vez más importantes asuntos que atañen a todos los ciudadanos se deciden en canales para-democráticos alejados de la ciudadanía, recurriendo a “políticos profesionales”, a “expertos” y a “comités técnicos”. El autor finaliza prediciendo que dada la ultraespecialización y la lógica dependencia de las reglas internas de los “gremios”, éstos, están abocados a lo que los griegos clásicos llamaban idiotez.

Esta tercera parte me parece que se fundamenta en la visión negativa y apocalíptica de la sociedad actual. Quizás se trate únicamente como forma de provocar un cambio en la sociedad actual. Si es así me parece un libro muy oportuno que hace reflexionar al lector sobre la sociedad que estamos construyendo y apunta en algunas cuestiones actualmente en crisis como la propia democracia.

Un libro sobre la sociedad del conocimiento donde los autores argumentan que nos encontramos en lo contrario, la sociedad de la ignorancia. Quizás los autores anhelan tiempos pasados donde el conocimiento solo residía en élites como científicos, obispos y filósofos. Si, quizás se encuentren incómodos en una sociedad donde esas élites ya no son élites sino parte “la masa”.

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2 COMMENTS ON THIS POST To “Sociedad de la Ignorancia (III)”

  1. Alaitz dice:

    Sin ningún dato o estudio que lo certifique, pienso que una posibilidad podría ser que los esquemas mentales han cambiando evolucionando de modelos cuyos procesos estaban basados en la memoria a procesos basados más en la lógica y la especialización. Esto explicaría como nuestros padres (al menos los que tuvieron la oportunidad de estudiar) tienen mejor “cultura general” que nosotros, mientras nosotros podemos tener mayor capacidad para entender cómo funciona una nueva tecnología, etc. ¿Para qué almacenar información que tenemos disponible con un click? ¿No es más importante saber dónde y cómo utilizarla y relacionarla?

  2. Tarde… pero me apetece comentar.

    Dejando al margen la valoración que Gonçal Mayos hace sobre el modelo de democracia como sistema de gobierno de las sociedades, que podría derivar en territorios delicadísimos, veo tras su reflexión algo que tiene que ver con el trinomio ciencia – tecnología – consumo.

    La sociedad está cada vez más volcada en la tecnología, pero desde el consumo, no desde el dominio de su componente técnica. Y el uso banal de la tecnología, demasiado fácil como para que no se popularice, tiene aspectos muy positivos (la socialización del acceso a la información) pero también negativos, a mi modo de ver. Es en éstos en lo que coincido con lo que tú resumes de la opinión de Mayos.

    Nuestra sociedad está valorando de tal manera este acceso libre a la información, que está reduciendo el reconocimiento y el valor social de quienes se dedican en cuerpo y alma a la ciencia, por ejemplo. Éstos ya son casi socialmente invisibles.

    Pecamos de prepotencia y en cierto modo despreciamos en esta sociedad conectada, cada vez más, a quienes han sido y seguirán siendo el cimiento de todo desarrollo tecnológico. Y son imprescindibles.

    No he sido capaz de localizar dónde, pero hace sólo unos días leía (creo recordar que más o menos era así) que un entrevistador se quejaba ante su entrevistada de que “para acercarnos a la cultura china, entre los intelectuales españoles hay un escasísimo dominio de su idioma”, ante lo que la entrevistada respondía que “el problema de los intelectuales españoles es que, por lo general, no conocen ningún otro idioma”.

    Pues algo parecido. Creo que deberíamos prestar mucha atención a esto, porque tendrá un precio en el futuro.

    Las élites de la ciencia hace mucho que ya no son tales, por lo menos desde la óptica del poder. Creo que no se trata de eso.

    Ni siquiera desde el lado político (en el que como digo no entraré), donde como mucho, puede que le escandalice que un ignorante pueda llegar fácilmente al poder… y que no nos importe.

    A mi modo de ver, lo que a Mayos le preocupa es que esté sucediendo todo lo contrario, que estemos arrinconando sus egos (que a veces no son pequeños) en la esquina de la indiferencia social. E insisto: esto puede tener un gran precio.

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